Cantabria en la Edad Contemporanea
La entrada en la Época Contemporánea está marcada por
la superación de las estructuras y concepciones propias del Antiguo
Régimen debido al impulso de la Ilustración y, fundamentalmente,
del detonante que supuso la invasión del país por los ejércitos
napoleónicos en 1808. Entre ese momento y 1833 se fue organizando una
nueva estructura administrativa que se apoyó en circunscripciones denominadas
provincias, para cuya delimitación se tuvieron en cuenta factores históricos
y de racionalización del nuevo Estado. Cantabria se vio afectada por
este proceso de forma similar a otros territorios españoles. Hasta
la conformación definitiva de la llamada Provincia de Santander en
1833 de la mano del Ministro de Fomento Javier de Burgos se dio un largo proceso
de unificación y delimitación de las viejas estructuras políticas
y administrativas heredadas del periodo precedente.
A lo largo del siglo XIX se produjo en la Provincia de Santander, al igual
que en el resto del país, la denominada “revolución liberal”,
que instauró un régimen político burgués salpicado
de pronunciamientos militares y guerras civiles entre los sectores más
progresistas y los más reaccionarios de la sociedad española.
El siglo XIX también supuso el despegue de Santander como una de las
grandes ciudades comerciales del país, creándose una poderosa
burguesía mercantil al amparo del comercio ultramarino, que mantuvo
una actitud eminentemente acomodaticia y pragmática muy cercana a la
monarquía de Isabel II. Sin embargo, la situación de la capital
provincial no refleja la situación en el resto de la Región,
donde el ámbito rural continuaba sometido a estructuras muy próximas
a las del Antiguo Régimen, con los notables locales ejerciendo su autoridad
al margen de las grandes corrientes políticas nacionales.
El territorio cántabro se vio seriamente afectado por las guerras carlistas
a lo largo de todo el siglo, debido por un lado a la cercanía geográfica
al País Vasco (uno de los principales focos del movimiento carlista);
y por otro al tradicionalismo imperante en el ámbito rural de la Región.
En 1868 la Revolución Gloriosa obligó a Isabel II a abandonar
el país y supuso el triunfo del sector más progresista del liberalismo
español. En Santander el enfrentamiento entre insurrectos y leales
a la reina supuso el episodio más violento de la política regional
en todo el siglo XIX. La implantación del primer modelo político
democrático en España tuvo diferente impacto en la Provincia
de Santander: tuvo un cierto vigor en la capital pero apenas afectó
a las zonas rurales de la Región, que mantuvieron su inercia tradicional.
No obstante, al avanzar el conflictivo Sexenio democrático la burguesía
mercantil santanderina fue evolucionando hacia posiciones más conservadoras
y acabó apoyando el proyecto de restauración monárquica
que en 1874 devolvió al trono español a los Borbones en la persona
de Alfonso XII.
Durante el nuevo régimen conocido como la Restauración se conformó
un nuevo sistema político basado en la Constitución de 1876,
la de mayor vigencia en la historia de España, que estableció
la alternancia en el poder de los dos grandes partidos nacionales, el conservador
y el liberal. Este gran entramado del Estado se apoyó en el sistema
político caciquil que durante décadas organizó y controló
la voluntad popular a través de un sistema electoral sumiso a las directrices
del Estado.