Mitología de Cantabria

Mitología de Cantabria

Mitología de Cantabria (Divinidades)

Entre los restos de mitos que aún persisten como sustrato en la tradición cántabra se encuentran el culto a las grandes divinidades protectoras como es la adoración al Sol, como queda atestiguado en las estelas cántabras encontradas.

En relación con el culto al fuego (las hogueras de San Juan pudieran ser una reminiscencia). Así mismo se idolatra a una divinidad-padre suprema (en Herrera de Camargo se descubrió una bella escultura de bronce que le rendía culto) que en época romana se asocia con Júpiter y el culto solar y posteriormente con el Dios cristiano.

Adjunto al marcado carácter guerrero de los cántabros aparece un dios de la guerra, posteriormente identificado como el Marte romano, al que se le ofrecían sacrificios de machos cabríos, caballos y prisioneros en gran número, según señala Estrabón. Unido a este aparecen las diosas-madres germinadoras vinculadas a la Luna con evocaciones casi hasta el presente en la que hasta hoy en día posee un clara influencia en el medio rural en las fases de siembra y recogida de cultivos.

Del mismo modo el culto a un dios del mar fue asimilado en épocas romanas a través del dios Neptuno (una estatuilla de esta deidad pero con rasgos de la divinidad cántabra original fue encontrada en Castro Urdiales).

Estos antiguos cántabros creían en la inmortalidad del espíritu. Así lo demostraban en sus ritos funerarios donde predominaba la cremación, a excepción de aquellos que morían en combate, que debían de reposar en el campo de batalla hasta que los buitres abrieran sus entrañas para llevarse al cielo su alma. Esta práctica queda atestiguada en los grabados de la Estela de Zurita.

Mitología de Cantabria (Telúrica)

Al mismo tiempo existe una mitología terrenal de adoración a gaya, la Madre Tierra, a través de la divinización de los animales, árboles, montañas y aguas como espíritus elementales. Creencias, por otro lado, comunes a todos los pueblos que reciben la influencia celta.

Lugares como el Pico Dobra, en el valle del Besaya, han dejado constancia de su sacralizado desde época prerromana a través del ara dedicada al dios cántabro Erudinus fechado en el año 399, lo que demuestra que estos ritos se extendieron más allá de la instauración del cristianismo en el Imperio Romano como religión oficial. Del mismo modo topónimos como Peña Sagra, Peña Santa o Mozagro (Montem sacrum) indican que han sido considerados lugares sagrados desde la antigüedad más remota.

Se divinizaban así mismo aguas de ríos y fuentes. En el Monte Cildá apareció una ara dedicada a la diosa madre Mater Deva, conocida en el mundo céltico y personificada en el río Deva. En Otañes se encontró una pátera dedicada a la ninfa de una fuente con propiedades medicinales. Plinio el Viejo cita la existencia en Cantabria de unas fuentes intermitentes que tenían valor augurio y que correspondería a la actual Velilla del Río Carrión. Suetonio en su relato sobre la vida de Galba, señala como símbolo de buen augurio el haber encontrado durante su estancia en Cantabria doce hachas en un lago. Estos eran sin duda exvotos depositados allí según costumbre también de otros pueblos europeos, lo que sugiere un culto a los lagos.

De igual manera se divinizó la foresta, un culto con clara influencia celta a través de su mitología arbórea. Algunos especies de árboles eran especialmente respetados; el tejo y el roble. El primero es la especie más emblemática y simbólica de Cantabria y ha sido venerado por los cántabros de la antigüedad, formando parte de algunos de sus rituales. Por Silio Itálico sabemos que se suicidaban con veneno extraído de las hojas de este árbol, pues preferían la muerte a ser esclavizados. Es habitual encontrarlos en las plazas de los pueblos y en cementerios e iglesias, lo que ha permitido perpetuar ese halo de misterio y sacralidad que envuelve todo lo relacionado con esta especie.

El roble es el árbol céltico por excelencia ya que quizá sea el árbol más sacro para los druidas del cual recolectaban el muérdago. Es una especie que arrastra muchas connotaciones folklóricas, simbólicas y mágicas en Cantabria y era frecuente utilizarlo como «árbol de mayo», la maya que aún hoy preside los festejos en algunos pueblos, alrededor del cual bailaban los mayos para celebrar el renacer de la vida vegetal. Las cagigas simbolizan la unión del cielo y la tierra, imagen que le confería el valor de eje del mundo. Tiende a atraer al rayo, por lo que jugaba un importante papel preponderante en las ceremonias para conseguir lluvia y fuego en toda Europa.

Robles, hayas, encinas y tejos eran también utilizados como un lugar de encuentro tribal generación tras generación en donde las leyes religiosas y seculares eran impartidas. Aún hoy hasta tiempo muy recientes era habitual celebrar los denominados concejos abiertos bajo árboles centenarios (las juntas de Trasmiera oficiaba sus reuniones en Hoz de Anero, en Ribamontán al Monte, bajo una gran encina que todavía existe).

Mitología de Cantabria (Fechas Significativas)

Como ocurre en otros pueblos en Cantabria existen fechas que han sido propicias desde tiempos antiguos para los rituales y las leyendas.

Días cargados de ocultas y antiguas significaciones. Así, por San Juan, en el solsticio de verano, la noche es mágica. Dice la tradición en sus diferentes variantes que los Caballucos del Diablo y las brujas carecen de poderes tras el ocaso y se apoderan de él los curanderos; las plantas como el trébol de cuatro hojas, la flor del saúco, las hojas del sauce, enebro o brezo entre otras curan y dan felicidad si se recogen en esa madrugada.

En torno a la Navidad (solsticio de invierno) se realizaban ceremonias rituales, vestigios de antiguos cultos al árbol, el fuego y el agua. En esas fechas se adornaban los manantiales y balcones con flores y se bailaba y saltaba sobre el fuego.

Criaturas Mitologicas

A la par de las divinidades telúricas en Cantabria ha habido, según la tradición popular y al igual que en otros pueblos, seres fabulosos de aspecto desigual que las gentes temían o adoraban y entorno a los cuales se forjaban historias y leyendas. Existen muchos seres de este tipo en la mitología cántabra, entre los que se pueden destacar los siguientes.

Personajes de la mitologia de cantabria

El Ojáncano

El Ojáncano: Infortunio de Cantabria, esta criatura personifica el mal entre los cántabros y representa la maldad, la crueldad y la brutalidad. Este gigante ciclópeo es la versión cántabra del Polifemo griego que aparece también en otras mitologías indoeuropeas.

La Ojáncana: Mujer del anterior le gana a aquel en maldad pues entre sus víctimas se encontraban también los niños.

La Anjana

La Anjana: Es la antítesis al Ojáncano y la Ojáncana.

Hada buena y generosa, protectora de las gentes honradas de los enamorados y de quienes se extravían en los bosques y caminos.

Los duendes

Los duendes: Aqui se engloban a todos los pequeños seres de la mitología cántabra, traviesos y burlones en una gran mayoría. Cabría distinguir entre los duendes domésticos, aquellos que viven en el interior o en los alrededores de las casas de Cantabria, como los Trasgos y Trastolillos; y los que habitan el bosque, como Trentis y Tentirujos.

Existen otros muchos seres fabulosos que pueblan la rica mitología de Cantabria, como los Ventolines, los Caballucos del Diablo, los Nuberos, el Musgosu, el Culebre, el Ramidreju, etc.

Leyendas mitológicas

Hermosas leyendas como la de la Sirenuca, bella moza desobediente y caprichosa aficionada a trepar por los acantilados más peligrosos de Castro Urdiales para cantar al compás de las olas y por ello convertida en ninfa marina. O la del Hombre Pez, ese joven de Liérganes al que le gustaba nadar y que se perdió en el río Miera, siendo finalmente encontrado en la Bahía de Cádiz, transformado en un extraño ser acuático. Todos estos seres y leyendas son prueba de que la mentalidad mítica de los cántabros respondió a una necesidad de expresar sus miedos a internarse en un bello entorno natural pero a la vez abrupto, hostil y peligroso; encontrar respuestas que les diesen convencimiento; y de conjugar a los poderes para su seguridad.

Aún todavía quedan cántabros en cuyos corazones las Anjanas no han sido sustituidas por santos y vírgenes, pues la siguen atribuyendo ciertas buenaventuras a esta hada buena de La Montaña, y aún se sigue amedrentando a los niños con el Ojáncano. Pero este mundo de significaciones y de valores se ha ido diluyendo poco a poco con la modernidad y el paso de los tiempos, apareciendo nuevos mitos urbanos y olvidándose los antiguos.

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